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Jueves, 19 de abril de 2018
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APUNTE LEGO

El unicornio que salió rana

En 2014, Theranos 'valía' 9.000 millones de dólares y la fundadora Elizabeth Holmes era la primera 'billonaria' hecha a sí misma


apuntelego.es

JULIO MIRAVALLS
18 de marzo de 2018

En 2014, la startup Theranos era un lustroso unicornio, con el cuerno dorado, valorado en 9.000 millones de dólares y admirado como una gran iniciativa con impacto social. Sus sistemas de diagnóstico médico, baratos, cercanos y prácticamente indoloros, iban a cambiar la vida de la gente.

El 14 de marzo de 2018, la agencia de supervisión bursátil de Estados Unidos (SEC) ha presentado oficialmente cargos por «fraude masivo» contra la otrora rutilante estrella inventora y fundadora de la compañía, Elizabeth Holmes, y su ex presidente, Ramesh Sunny Balwani.

¿Qué ha pasado en estos cuatro años para que la niña mimada de Silicon Valley, la triunfadora a la que todos ponían como ejemplo de emprendimiento haya caído tan bajo?

La denuncia de la SEC especifica que los dos acusados levantaron (en el peor sentido del verbo) a sus inversores 700 millones de dólares engañándolos mediante un «fraude elaborado a lo largo de años, con el que exageraron o hicieron afirmaciones falsas sobre la tecnología, los negocios y los resultados económicos de la compañía».

Es decir, todo era una espectacular fachada de cartón piedra, con algunos veteranos actores para darle lustre, como los antiguos secretarios de Estado Henry Kissinger y George Shultz junto con otras personalidades del ámbito militar, formando parte de su consejo de administración.

Los palos del sombrajo empezaron a tambalearse en el verano de 2016, tras la publicación en The Wall Street Journal de una investigación periodística que indicaba que Theranos no estaba utilizando en la práctica la tecnología de la que alardeaba para hacer análisis de sangre más que en una mínima parte de los casos. Lo que hacía era enviar los tests a laboratorios convencionales y utilizar tecnología de Siemens.

Holmes, que en agosto de ese año había anunciado otra innovación más rompedora en su propia tecnología, un dispositivo llamado Minilab, no tuvo más remedio que cerrar oficinas a primeros de octubre, mientras las autoridades iniciaban una investigación oficial y le aplicaban sanciones regulatorias. En aquel movimiento despidió al 40% de sus empleados. El pasado año Theranos ya estaba oficialmente en bancarrota aunque la compañía y su web siguen activas en la actualidad.

EL CUERNO DORADO

¿En qué consistía la innovación y el espectacular negocio de Theranos? Pues el cuerno dorado del unicornio se alimentaba de la sangre de sus clientes. Apenas unas gotas, para ofrecer diagnósticos casi mágicos. Eso decía.

El nombre de Theranos procede de las palabras therapy y diagnosis. Elizabeth Holmes alimentaba su leyenda con la referencia de que abandonó sus estudios de química en la Universidad de Stanford para fundar en Palo Alto en 2003 su propia compañía, con la que inició el desarrollo de una invención: un software capaz de analizar unas pocas gotas de sangre para detectar todos los valores normales y anormales para los que una analítica necesita rellenar al menos un vial. Para la tecnología de Holmes debía bastar con un leve pinchazo en el dedo.

Con su procedimiento, según las afirmaciones de la compañía, era posible hacer análisis de toda clase de marcadores de anomalías relacionadas con cáncer, diabetes, colesterol o desequilibrios en minerales.

Además, con ese sistema los resultados estaban disponibles en unas pocas horas, cuando lo habitual en los circuitos médicos habituales era tener que esperar varios días. En 2015 Theranos había desplegado 41 pequeños laboratorios por el suroeste de Estados Unidos, asociados a la cadena de farmacias Walgreens. Apenas una mesita y un operador para tomar la muestra.

Theranos anunciaba entonces el propósito de extenderse a todo el país, primero, y explorar una expansión global después. Pero llegaron las revelaciones sobre las prácticas reales de sus análisis. La compañía tenía laboratorios propios en Newark, California, y Scottsdale, Arizona. En 2015, siendo Holmes candidata a un premio al inventor del año de la Oficina Europea de Patentes (EPO), en su categoria de fuera de Europa, se aseguraba que Theranos estaba ampliando sus horizontes con planes de colaboración con grandes hospitales.

Holmes, por cierto, no apareció por la gala celebrada en París por EPO. Ella no iba a ganar el premio.

El laboratorio de California fue clausurado por las autoridades en julio de 2016 y Holmes decidió paralizar todas sus actividades viendo la que se le venía encima, pero argumentando que era una reestructuración «para centrar toda la atención exclusivamente en la plataforma MiniLab».

Según lo que ella misma anunciaba, la plataforma era un dispositivo del tamaño de una impresora, capaz de hacer los análisis in situ, lo que permitiría prescindir del trajín de enviar las muestras a los laboratorios: toda la prueba se podría integramente hacer en cada oficina

Holmes decía entonces: «Nuestro objetivo final es comercializar laboratorios miniaturizados y automatizados capaces de realizar pequeñas pruebas de muestra, con énfasis en poblaciones de pacientes vulnerables, que incluyen oncología, pediatría y cuidados intensivos».

La realidad es que ya no levantó cabeza. Holmes, en la construcción de su propio personaje, se convirtió en la primera mujer billonaria (poseedora de mil millones) por su propio esfuerzo de trabajo, hecha a sí misma. Entró en las más selectas listas de Forbes y se rodeó de un aura de mujer inalcanzable. Además, se declaraba «workaholic» (adicta al trabajo), vegana radical y fan de los análisis de sangre: afirmaba vigilar su salud haciéndoselos, con su propia tecnología, casi a diario.

Ahora ha aceptado pagar una multa de medio millón de dólares y una inhabilitación durante 10 años para ejercer cargos directivos en cualquier compañía cotizada en bolsa. De este modo, devolviendo también 18,9 millones de acciones de Theranos, obtenidas durante la etapa del fraude, y convirtiendo las acciones que le quedan en clase B, Holmes ha logrado evitar que la cosa fuese a mayores. La conversión de sus acciones significa que deja de tener capacidad de decisión en la compañía y, en caso de que esta fuese adquirida o liquidada, ella no percibirá nada hasta que se haya resarcido a los inversores por un valor de 750 millones de dólares.

En cuanto al expresidente Balwani, un inventor que acredita más de 150 patentes del millar que pertenece a Theranos y que «invirtió millones de su propio capital» en la compañía, según el comunicado de su defensa, de momento no ha resuelto su parte del problema. La SEC está dispuesta a seguir el litigio contra él en un tribunal federal.