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Lunes, 17 de diciembre de 2018
Política: "Me opongo a lo que está pensando porque yo pienso lo contrario. Y si cambia de opinión yo también lo haré"


Notas para el 17/12

Nada pendiente por ahora
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APUNTE LEGO

Enemigo coche

Madrid ya no es una ciudad abierta que recibe a todos en su corazón. Ni siquiera pueden entrar ya los propios madrileños


apuntelego.es

JULIO MIRAVALLS
Viernes, 30 de noviembre de 2018

Madrid ya no es una ciudad abierta que recibe a todos los que vengan con el corazón. Ni siquiera a los propios madrileños. El corazón de Madrid, y buena parte de las tripas de la ciudad, mucho más que lo que es el típico centro peatonal cada vez más extendido en las capitales europeas, está cerrado desde hoy al tráfico, con algunas sutiles excepciones: coches ecológicos y de transporte público.

El Ayuntamiento ha ordenado un cierre rigurosísimo del área que ha llamado Madrid Central, basándose en un argumento sensible: proteger la salud respiratoria ciudadana del CO2. Paradójicamente, los cierres y cortes de circulación temporales que se han producido los últimos años se argumentaban con la contaminación por óxidos nitrosos (ONx), bastante característicos de la combustión de gasóleos. Lo que, por cierto, produce la inmensa mayoría de la flota de autobuses municipales, que no cesa de circular.

El cambio de criterio no es anecdótico. Los políticos toman de la información sólo la parte que más les interesa para construir sus argumentos. En este caso se trata de nombrar al coche como enemigo público.

Ya se sabe que el coche es cosa de ricos. Salvo para 30 millones de españoles de todo pelaje que se han empeñado en tener uno, aunque sea pagándolo a plazos o de tercera mano, si es menester, durante los últimos 50 años. A partir de la segunda mitad de los años 60, cuando la economía española empezó a generar una clase media capaz de comprar algo más que la comida de cada día, el coche se convirtió en un deseado símbolo de libertad, más que de consumismo: con mi coche voy donde quiero y cuando quiero. Me muevo al trabajo más deprisa, puedo salir de noche o viajar de vacaciones con toda la familia, por el precio de tres depósitos de gasolina...


En la prisa por erradicar el motor de explosión, ¿ha calculado algún político cómo se recargarán millones de baterías si también se quieren cerrar a la vez las centrales eléctricas de carbón y nucleares?

La decisión del Ayuntamiento madrileño, gobernado por una minoría que ni siquiera es la mayoritaria (las elecciones no las ganó la formación que respalda a Manuela Carmena, sino el PP, que obtuvo un concejal más) y ya no cuenta con los socios que le pusieron la vara en la mano, se sitúa en el plano de la opinión política, más que en el de la gestión y ordenación de la ciudad.

Durante tres años, ese Ayuntamiento ha aprovechado cualquier excusa (lluvia, fiestas, manifestaciones, episodios de contaminación) para tratar de imponer el uso del transporte público, sin ni siquiera verificar si es suficientemente eficaz para las necesidades reales de los ciudadanos. Necesidades que se incrementan ahora con el recorte de vías disponibles para desplazarse, sin que se haya anunciado ninguna medida al respecto. Ya se sabe que los que toman decisiones sobre tráfico y movilidad acostumbran a ir en coche oficial.

El consistorio ha forzado que infraestructuras esenciales, como los principales túneles de enlace, permanezcan cortadas durante meses, por disputas con los concesionarios del mantenimiento. Y ha tolerado la proliferación de presuntos medios alternativos de dos ruedas, en estado de libertad de alquiler salvaje, hasta que la situación se ha hecho insostenible en las aceras. Menos mal que, de momento, el mal tiempo ha cortado un poco la fiebre...

El argumento de la contaminación del aire es un punto fundamental en la nueva fase prohibicionista. Según diversas fuentes, la contaminación atribuida a los vehículos puede oscilar entre un 20% y 25%. Concedamos que pudiera llegar hasta el 30%. ¿Tiene algún plan el Ayuntamiento respecto al resto de los agentes contaminantes, que suman como mínimo un 70% o quizás hasta un 80%? Hasta la fecha no se ha oído.

De la intensa contaminación que padecían en los años 70, y hasta los 90, ciudades como la propia Madrid, o Londres (con su smog), no se habla mucho, cuando se trata de decir que los aires actuales son irrespirables. La boina de entonces, puro humo visible desde cualquier lugar de la ciudad, era producida mayoritariamente por las calefacciones comunitarias de carbón y las últimas fábricas que quedaban. Cerraron o se trasladaron más lejos las fábricas y las calefacciones se pasaron mayoritariamente al gasóleo. Ahora estarán produciendo ONx.

No obstante, la declaración del coche como enemigo público es una corriente política que recorre toda Europa vestida con diferentes colores. Puede haber, a partir de ahora, auténticas carreras entre gobiernos y administraciones, a ver quién lo erradica antes del todo. Unos apuestan por 2050 y otros se apresuran a adelantar a 2040 la prohibición de motores de gasolina, gasoil... y hasta los vehículos híbridos, ahora privilegiados como ecológicos.

Son decisiones políticas, sin establecer un plan de acción, industrial y financiero, pactado con la industria fabricante de automóviles, ni tomar referencias realistas de la situación. ¿Esperan los políticos que de un día para otro todo el resto del mundo se ponga espontáneamente de acuerdo, fabricantes y compradores, para que todos los coches sean eléctricos, sin molestarse siquiera en diseñar un plan de viabilidad económica?

¿Está en condiciones alguno de esos políticos de explicar con cifras si es posible una fabricación masiva de coches eléctricos, incluyendo los datos para saber cómo se va a resolver la cuestión de los materiales raros, escasos y caros, necesarios para producir tantas enormes baterías...?

Y, llegados a ese punto, dando por sentado que el reemplazo de coches eléctricos sea finalmente una cifra sensiblemente menor que la de los reemplazados (el que no pueda comprarse uno, que vaya en bicicleta), ¿puede alguien explicar de dónde saldrá la energía para que unos cuantos millones de coches se recarguen cada noche?

Conviene recordar que los mismos que aprietan las tuercas políticas contra el automóvil con motor de explosión, al mismo tiempo buscan otros votos prometiendo eliminar lo antes posible la producción de electricidad con centrales nucleares y de carbón.

Por supuesto que es la eliminación del carbón por donde debería empezar todo, para seguir una línea coherente de reemplazo de tecnologías. Lo razonable sería establecer un calendario de cambios paulatinos, sin poner el carro delante de los bueyes.

Situemos un dato: en 2017, el sistema eléctrico español se nutrió de carbón en un 17,5%; y de energía nuclear, en un 21,5%. La suma es el 39%. Y hay alguna compañía, como la antigua Gas Natural Fenosa, hoy Naturgy, cuyo mix fue 24,6% de carbón y 30,3% nuclear.

¿Cómo se reemplazarán esas capacidades en un plazo abreviado? ¿De dónde saldrán las inversiones para instalaciones alternativas? ¿Se podrán recargar por la noche millones de baterías con energía solar?

Esto último podría ser... añadiendo a la red una gran infraestructura de almacenamiento de electricidad, para el que por ahora no hay tecnologías que sean baratas y estén bien probadas.

Lo que si tiene pinta de salir en claro de estas decisiones políticas es que se cumplirá la primera parte del aserto: el coche es cosa de ricos. Los que podrán seguir teniendo vehículo propio para andar por Madrid sin restricciones son quienes dispongan de dinero para comprarse un coche eléctrico, cueste lo que cueste.

A menos que eso también acaben por prohibirlo directamente desde el Ayuntamiento.